9.2.11

Indestructible (1ª parte)

Los recuerdos esperan en la primera página del libro que está en la estantería de madera.
Y cada vez que paso por ahí, mi mirada los esquiva evitando la imagen de esas palabras escritas con tinta azul, las que me recuerdan cuánto me quieres. O me querías, o en ese momento me quisiste.

Pero mi mirada al intentar esquivarlas consigue el efecto contrario. Mi cabeza se ha adelantado y ya ha terminado el breve párrafo escrito en la primera página del libro. Recordado de memoria, a carrerilla, dibujando mentalmente tu escritura alargada y algo cursiva.

Es lo que tenemos los seres humanos, que cuanto más intentamos olvidar, más recordamos.

Por ello me planteo en esta tarde tomar el callejón de la izquierda, el que evita directamente el encuentro con la estantería que guarda tus recuerdos. Podréis pensar que es una solución algo cobarde pero, sinceramente, no me importa. Porque lo que está en juego es mi felicidad, no otra cosa.

Y mientras escribo un breve relato acerca del amor -para variar- en el que el protagonista quiere dejar de enamorarse, me doy cuenta de que lo que estoy haciendo es intentar convencerme a mí mismo de que no tengo miedo a vivir y a jugar conmigo mismo. Y lo estoy consiguiendo.

No creo que todo esto que sueño cada noche sea una nube de promesas infundadas y vicios adolescentes que acaben en tormenta. No creo que sea algo pasajero, porque es real el dolor que ha taladrado mi corazón, el que me ha hecho olvidar los sentimientos, el que quiere que termine siendo una puta que busca hombres en su esquina cada noche de viernes y sábado.

Y por ello es lo que me reivindico. Y no espero lo mismo de vosotros. Ni tan siquiera que me comprendáis.

Porque creo que va siendo hora de sacar la puta que llevo dentro. La que maquilla sus defectos y se protege tras el carmín de sus labios, la que sube su falda y se introduce cualquier arma que la mate de placer.

Siento la energía suficiente como para volver con más fuerza que nunca, o mejor dicho, la energía necesaria para llegar, porque en el fondo este yo que escribe estas palabras llega por primera vez a la ciudad. Liberado de prejuicios que, aunque me persigan, ya no me importan nada.
Libre de promesas y sin la necesidad de demostrar quién soy. Porque ni yo mismo lo sé. Porque de esta manera puedo adoptar una forma diferente cada noche, y sin saber adónde voy, nunca sabré cuál es el camino, y todo lo que está por llegar no dejará de sorprenderme.

Llevo tiempo esperando este momento, y este tiempo no ha hecho sino conseguir que me encuentre rebosante de energía, una energía arrolladora que va a traspasar todo y a todos, que va a destrozar la realidad con la inquebrantable anomalía de mis deseos, porque todo cuanto sueño puede hacerse realidad.

Y que nadie se atreva a ponerse en el camino de mis sueños.
Porque sí, es una amenaza, y acabaré con vosotros si pretendéis detener mis pasos, los pasos de esta puta que se lanza a la calle buscando clientes de una noche, sobre los que derramar la rabia que durante tanto tiempo ha guardado tras la apariencia de un cordero que esconde bajo su piel a un lobo hambriento de sangre fresca.

Porque soy descaradamente irresistible.

Porque me hecho a mí mismo indestructible.

Inquietudes de Ingravidez, 8 de febrero de 2011.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien dicho, artista.
Todos deberíamos sacar de vez en cuando a la puta que llevamos dentro, y dejarnos de tantos remilgos...
Sigue así, enhorabuena.

Paloma dijo...

Si señor, si que has cambiado o no a lo mejor es verdad que eras un lobo con piel de cordero, sea como sea deseo de verdad que seas indestructible. Un beso

tubba blubba dijo...

Cuanta potencia oscura... y atractiva

Anónimo dijo...

_ _ _ _ ya se en que lugar quedo...